RECORRIENDO POR EL MUNDO

Desde pequeño siempre me incliné por la actividad física, ya sea pateando un balón, jugando con los coches de madera demostrando mis grandes habilidades de todo un piloto con mucha adrenalina o simplemente corriendo por los caminos más remotos de mi ciudad "San Gabriel"; es así como encontré una gran pasión que luego se transformó en una profesión, llevándome a recorrer diferentes partes del mundo.


A mis 16 años, me fui inclinando por las carreras de calle; no fue fácil, ya que vengo de una familia de 5 hermanos y 5 hermanas. Fueron tiempos duros y difíciles, pasando hambres, necesidades económicas, que es lo normal en un país subdesarrollado, donde el más valiente sobrevive.


Hubo días que obligadamente los almuerzos los escapaba, no por descuido sino porque simplemente no había que comer y la cena era un vaso de agua aromática con pan si lo había, esto solo era para sentirme lleno y contento, así yéndome a dormir sabiendo que al siguiente día me esperaba una jornada muy agotadora. Cuando eran las 4am, un reloj de campanas me daba la señal para salir del colchón, porque cama no había, era hora de alistarme, cambiarme, ponerme ropa deportiva, guardar los cuadernos, libros y el uniforme para atender las clases después de un largo entrenamiento. A esta aventura se sumaban mis dos hermanas, Wilma y Liliam Guerra.


Desde los altos de Toctiuco, un barrio de Quito que esta junto a las laderas del Pichincha, ahí es donde vivíamos, un solo cuarto que lo compartimos 3 personas. Siendo las 4:30am estábamos saliendo con rumbo al parque “EL EJIDO”, el centro de entrenamiento del club de atletismo CADE al cual pertenecía y donde me forme como deportista, gracias a las buenas enseñanzas de mi entrenador José Navarrete, hombre dedicado a sus pupilos, muy generoso, quien en mí vio más que a un pupilo ya que la ayuda que nos brindó a mis hermanas y a mí fue muy valiosa y oportuna.


Después de haber entrenado tocaba asistir a clases en el Colegio Universitario Manuel María Sánchez para aprovechar las buenas enseñanzas de los maestros; una vez terminadas las clases regresamos a la casa caminando cerca de 30 minutos para llegar ya que si decidía ir en bus, debía de tomar dos buses y lamentablemente ni siquiera había el dinero para uno.


Siguieron pasando los días y mis resultados como corredor eran cada vez más halagadores, siendo así que en el año de 1987 llegué a ser Campeón Nacional Juvenil de los 5 y 10 mil metros, ganándome un cupo para representar al país en el Campeonato Sudamericano de Atletismo en Santiago de Chile, en el cual ocupé un honroso quinto lugar y haciendo mi mejor marca personal en los 5000 metros en ese entonces.


Se venía el día más esperado por todos los aficionados a las carreras, la tradicional COMPETENCIA INTERNACIONAL QUITO ULTIMAS NOTICIAS, me había preparado muy bien y sabía que podía ganar. Una semana antes, entre todos los miembros del Club CADE hicieron una recolecta para comprarme un par de zapatos de competencia con $17000 sucres, este regalo fue para mí la motivación más grande que pude tener, porque hasta ese entonces no me había dado cuenta que tanta era la pobreza por la que pasábamos, que no tenía para un par de zapatos para competencias. Recuerdo claramente en uno de mis recorridos a pie del colegio a la casa, me encontré un par de zapatos en un basurero, los hice un trasplante de suela a fin de poder entrenar pero no aguantaron mucho.


En uno de los recorridos que solíamos hacer previo la QUITO ULTIMAS NOTICIAS, iba codo a codo hasta el final con un legendario corredor Gustavo Paredes, él sabía que alguien venía muy cerca de el por los golpes bruscos que mis zapatos producían en cada paso que daba; al final de este entrenamiento, Gustavo me llevo personalmente a su carro y de la parte del baúl saco un par de zapatos usados que para mí fueron casi nuevos.


En fin, el día de la competencia llegó, todos los medios de comunicación hablaban del gran corredor, Rolando Vera, él era la sensación del momento, un deportista que le dio muchas alegrías a nuestro país; las noticias estaban sentadas en él porque era el diminutivo corredor que había hecho revelación con sus grandes triunfos.


El resultado de esta competencia en mi mente ya estaba anunciado, yo quería ser el ganador; y así fue, gané la competencia en la Categoría Juvenil, siendo esta carrera la que me abrió el camino para seguir adelante día tras día.

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