VOLUNTAD

POR ALEJANDRO PROAÑO CORNEJO: Siete y media de la noche, la luna embellece el cuadro nocturno que se presenta claro y diáfano. Esta vez lo haré. Me coloco los tenis, el calentador impecable y crece en mí el verdadero deseo de saltar a las calles - con fuerza y entrega - para devorar el intimidante pavimento. A punto de salir a cumplir los deseos que me proporciona mí libertad, circula en mi organismo la excusa para esta noche no ser partícipe de mis ideas. Me anestesio con una floja disculpa y me prometo que el siguiente día será el indicado para realizar los deseos incubados en mí ser. Una historia repetida una y otra vez en las mentes de las personas que sufren de voluntad debilitada.

Para presentar evasivas que maquillen – de algún modo – la culpa interna, tenemos la suficiente creatividad emocional. Para sentirnos a salvo del remordimiento, al no ser responsables con nuestros deseos, nos mentimos aduciendo que somos esclavos de las circunstancias y pensamos que así arreglamos el fracaso de aquel día en particular. Pero no podemos afrontar la vida con excusas y pretextos; debemos actuar, construir, inventar. Los actos que nos enorgullecen son el cumplimiento de los deseos que provienen del lugar más recóndito de nuestro corazón.

Saber vivir, realizando aquello que nos hace bien y cura la pereza pastosa - que no se quita con pequeñas dosis de sudor - es el incentivo necesario cuando nuestra voluntad flaquea y provenga de nosotros la idea de no aprovechar el momento, el ahora, el presente. Recordemos que no existe fuerza motriz más fuerte que nuestra voluntad, así que cultivémosla; continuemos en el camino, resistiendo, avanzando, hasta vencer nuestros límites y llegar al tan preciado segundo aire.

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